Desde siempre, en el día del cumpleaños mi madre prepara la comida favorita para cada uno de nosotros.
La mía siempre han sido los calamares fritos.
Por eso, en uno de mis cumpleaños que estaba en Madrid, lejos de la familia, se me ocurrió ir a la pescadería a comprar calamares para cocinar.
¡Son carísimos!
Por esta razón me parece que pedir calamares en un restaurante es una ruleta rusa.
En uno de los viajes que hicimos a la isla de El Hierro.
Estuvimos esperando en un sitio muy conocido para comer pescado en la Restinga.
Después de muchos minutos esperando, por fin tuvimos la suerte de entrar y nos dieran mesa.
Con la velocidad que requería el momento, nos vinieron a tomar nota y al pedir unos calamares nos comentó un secreto por haber escuchado nuestro acento canario:
– No me pidan calamares, que los que tenemos son congelados (para el turismo), si quieren algo rico pidan blablabla
Por un lado, es bueno que te lo digan.
Por otro lado, poner que tienes calamares para que luego sea pota o unos calamares congelados, pues ya me dirás.
Y no es la primera vez que me pasa.
Lo más que me jode, es leer en la carta que son calamares saharianos, y que luego sirvan unos calamares congelados.
Me ha pasado varias veces.
Lo triste es que son sitios conocidos, entonces estoy seguro que después de comer aquí, no me va a apetecer volver.
Y no les digo nada, no les digo nada porque ellos ya lo saben de sobra, y no comento nada en redes sociales ni les pongo reseña negativa, porque eso ya se darán cuenta otros clientes.
Lo que me pregunto, hablando siempre de marketing, es el motivo por el que una empresa hace esto.
Ofrecer en la carta un plato que luego no es el que sirven o que no tiene la calidad esperada.
Lo curioso es que justo esta semana, he ido a comer calamares saharianos al lado de uno de esos sitios que comento.
En el muelle de Agaete hay varios restaurantes en la avenida, unos cuantos seguidos y muy juntos.
Con una carta muy similar.
Así que, para comparar bien, lo que hice durante un tiempo era sentarme en uno cada día y pedir exactamente lo mismo para poder comparar.
Papas arrugadas, cerveza y calamares.
Es triste que siendo un sitio de puerto, solamente uno de los restaurantes cumpliera con un alto grado de calidad en todo lo que ofrecían, hasta el pan superó mucho la calidad esperada.
Y les tuve que felicitar al terminar de comer, porque efectivamente se lo habían currado.
Cada detalle, eso se nota.
Esto, por mucho marketing que hagas, por muy bien que se te pueda dar el día con alguien captando a las personas que pasean para que entren a comer, al final todo aparece por su propio peso.
Por tanto, si alguien me pregunta por un sitio donde ir a comer, ya sabes dónde voy a recomendar.
Cuando pongan reseñas en blog de viajes, ya sabes cual de ellos va a destacar y si comparas las reseñas de los clientes todo va saliendo de forma natural.