Dos peces jóvenes se cruzan con un pez mayor.
«Buenos días chicos, ¿qué tal está el agua?»
Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno le pregunta al otro:
«¿Qué demonios es el agua?»
No recuerdo especialmente el discurso que hubo el día de la orla.
Imagino que estaría igual de perdido que esos jóvenes peces, mientras me daban unos brillantes consejos sobre la preparación para el futuro.
Pasado ya los años, uno siempre piensa en qué palabras se pueden decir hoy en día para inspirar, para motivar y aconsejar a las nuevas generaciones.
El texto de entrada de la newsletter es del discurso que David Foster Wallace le dió en 2005 a los estudiantes del Kenyon College.
Fijate, en 2005 yo ya tenía 3 años trabajados en BMW en Las Palmas y sentía que me comía el mundo.
Y en realidad me comía un moj***
Estos estaban todos emocionados por su día de graduación.
Si es que hay que imaginarlo, tantas hormonas en el aire, con las más altas esperanzas, preparados para afrontar el futuro.
El protocolo de estos eventos recomienda en ese tipo de discursos fomentar la vocación escondida y alimentar la llama de la ambición que se consumirá durante toda una carrera.
Los seniors saben que en la graduación se corona el puerto, que los verdes bosques de la subida se verán reemplazados por las ciudades modernas.
Ellos saben que llegó el momento de descenso hacia un destino por todos conocido.
La graduación es el cenit y lo único que espera es incomprensión y sufrimiento.
Comienza el modo experto en este juego.
Por eso estos discursos de graduación son un ritual tradicional en este sistema capitalista.
En youtube podemos ver muchísimos diferentes, cada cual más inspirador.
Si los analizamos, veremos que tienen algunas características comunes.
Desde el millonario con suerte que recomienda seguir una pasión, porque si amas tu trabajo no tendrás que trabajar un solo día.
Hasta el escritor tipo Mr. Wonderful que anima a jugártelo todo a una carta, porque solo se vive una vez y en el lecho de muerte te arrepientes de las cosas que no hiciste.
En este caso, la opción de Foster Wallace no caería en esos tópicos de mierda.
Su discurso contenía un simple pero poderoso mensaje:
serás amo y señor de tu vida si controlas tus pensamientos.
¡boom!
Tan simple y tan complejo.
Sin historias de superación, ni carpe diem grandilocuente.
La carrera con propósito es solo la excusa para que devuelvas la deuda con Kenyon.
La verdad es que merece mucho la pena leer el discurso completo.
Comenta que los humanos progresamos por instinto y tú alimentas la insaciable maquinaria en el eterno círculo del consumo, el deseo y la deuda.
Lo único que importa es que eso lo tengas claro, que seas plenamente consciente.
Para dar un paso al zulo de la cabaña en el monte o luchar cada gota de sudor por comprarte un Lambo y presumir en instagram.
El discurso se llama This is water y lo puedes buscar por internet para leerlo completo.
Aquí recopilo alguno de los puntos que más me han gustado.
“Los cuentos son el mejor y más directo método didáctico, pero si crees que me presentaré aquí como el pez viejo y sabio que te explicará a ti, el pez joven, qué es el agua, vas muy equivocado.
Yo no soy el pez viejo y sabio.
Es el tópico más generalizado en este tipo de discursos, que la formación no va tanto de llenarte de conocimiento, sino de enseñarte a pensar.
Si eres como yo cuando tenía tu edad, no te gustará escuchar este tipo de cosas, puede que incluso te sientas ofendido por la afirmación que alguien puede enseñarte a pensar, dado que haber sido aceptado en una universidad tan buena prueba que ya sabes hacerlo.
Lo verdaderamente importante en la educación que recibes en este tipo de instituciones, no es tanto la capacidad de pensar, sino de decidir en qué pensar.
Un gran porcentaje de las cosas que daba por verdaderas, resulta que eran falsas.
Todo en mi inmediata experiencia sostiene mi profunda convicción que soy el centro absoluto del universo, la más real, la más intensa y la más importante persona que existe.
No solemos hablar de este egocentrismo natural porque lo vemos socialmente repulsivo, pero en el fondo es por todos compartido.
Es la configuración predeterminada, inherente a la concepción.
Las personas que consiguen controlar su configuración predeterminada están ajustadas, lo que no es un término fortuito.
En este triunfante entorno académico, una pregunta obvia sería si este ajuste en la configuración predeterminada depende del conocimiento o del intelecto.
La pregunta es compleja.
Probablemente el aspecto más peligroso de la formación académica.
Ser consciente y estar despierto para escoger a qué le prestas atención y decidir cómo vas a construir significados a través de las experiencias.
No es una coincidencia que la mayoría de los adultos que se suicidan con armas de fuego decidan pegarse un tiro a la cabeza.
Disparan al terrible amo.
La realidad es que la mayoría de estos suicidas estaban muertos antes de apretar al gatillo.
Existe una parte importante de la vida adulta de la que nadie habla en estos discursos de graduación.
Esa parte involucra el aburrimiento, la rutina y las pequeñas frustraciones.
En el atasco, en los pasillos abarrotados y en la cola de pago tengo tiempo de pensar, y si no tomo una decisión consciente acerca de lo que pienso y a qué dedico esa atención, me frustraré y seré miserable cada vez que vaya de compras.
Porque mi configuración natural es la certeza que en este tipo de situaciones todo gira en torno a mí.
Mi hambre, mi fatiga, mi deseo de regresar a casa, y piensas que todo lo demás te bloquea.
¿Quiénes son esas personas que se interponen en mi camino?
Estúpidas ovejas con la vista perdida haciendo cola, qué irritantes e irrespetuosas cuando hablan a gritos por el móvil mientras esperan en la cola, qué injusto que es todo.
La única verdad en mayúsculas es que tú decides cómo intentarás ver las cosas.
El tipo de libertad que es más importante implica atención, conciencia, disciplina y ser capaz de preocuparse por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, realizando miles de pequeños y nada atractivos gestos todos los días.
Esa es la verdadera libertad.
Ya sé que nada de esto probablemente suene divertido, refrescante o inspirador como suelen hacerlo otros discursos de graduación.
Lo que es, como lo veo yo, es una verdad con un montón de basura retórica.
Nada de esto trata de moral, religión, dogma o sofisticadas preguntas sobre la vida después de la muerte.
El verdadero valor de la educación, que nada tiene que ver con calificaciones o títulos, sino con la simple conciencia, la conciencia de lo que es real y esencial.
Tan escondida a simple vista alrededor nuestro, que tenemos que recordarnos una y otra vez:
«Esto es agua. Esto es agua».
Es increíblemente difícil hacer esto, vivir la vida adulta de forma consciente, día sí, día también.
Lo que significa que una vez más el viejo dicho es cierto:
Tu educación es el trabajo de una vida.