80: Cada segundo cuenta

El tiempo.

El calendario, la agenda, las tareas, la productividad, el rendimiento, procrastinar, el reloj, la puntualidad.


Verás que son varios los textos que comparto con reflexiones sobre el tiempo.


Son las 9am de la mañana de un último día de agosto.


Preparo este texto para la newsletter.


Con música Jazz de fondo muy buena.


Muchas personas que conozco en Canarias y nunca han vivido fuera, piensan que el ritmo de una ciudad puede terminar por conquistar tus rutinas y modificar tu forma de ser.


Como también pudieran pensar que pasa con el acento.


Recuerdo que al principio de llegar a Madrid me sorprendía muchísimo ver a la gente corriendo en el metro.


No corriendo de carrera, sino corriendo de ir con prisa.


Era llegar caminando rápido al torno de entrada y todos tenían ya siempre el bono preparado para pasar super rápido y llegar al andén lo más pronto posible, si se escucha llegar el metro si que empiezan las carreras por las escaleras. 


Imagina cuando veía gente pulsar muchas veces seguidas el botón de abrir la puerta segundos antes de que el metro se para del todo y activan la apertura.

Esa prisa, ese ansia.


Mi percepción es que en Madrid siempre hay prisa.


A veces nos preguntábamos si estas personas iban muy rápido y ágiles para luego llegar a casa y sentarse en el sofá a ver la tele o perder el tiempo.


¿Por qué tienes tanta prisa siempre?


Quienes me conocen saben que, ni aun viviendo en Nueva York podrían cambiar el ritmo interno de vida Canaria que llevo.


🔥 “Tener un Rolex no es una muestra de superioridad si solo te indica cuando termina tu hora de almuerzo.”


Y nunca he tenido un buen reloj.


Creo que lo más bueno que he tenido es el que uso ahora mismo, que me regalaron estas pasadas navidades, uno digital que tiene funciones como leer rápido un email, ver el google map con indicaciones cuando voy el la moto y otras cosas más.


Muchos años sin reloj, y sin importarme en absoluto esa idea de tener un asombroso reloj.


Como aquella mañana estudiando en segundo de bachillerato, en clase de filosofía, el profesor estaba paseando por la clase explicando algo.


Llego a mi lado y comentó en alto para toda la clase: “Pero Lisandro, que reloj que me llevas parece de viejo con esa correa y ese estilo.”


Era mi reloj favorito, nunca había pensado que estuviera a la moda o que fuera caro, barato, bonito.


Un reloj que me había dado mi padre unos días después de morir mi abuelo.


Aún lo tengo, con una correa de metal elástica y un diseño súper simple con fondo blanco y números en todas las horas. 


Ni es vanguardista, ni es digital, ni es un reloj caro.


Es un reloj, fin.


Parece mentira, pero de esto hace más de 20 años.


Esta semana, tuvimos que resolver un problema en el edificio, al tener el cargo de la vicepresidencia.


Y una tarde al coincidir con una de las vecinas en el portal, una señora de unos 70 años, nos contaba que ella era profesora de la universidad.


Que conocía y solía tener charlas interesantes con muchas personas muy conocidas e importantes.


Recordaba esos tiempos de actividad, de trabajo.


Hasta que comentó un detalle que me llamó la atención.


Nos dijo que echaba mucho de menos ese que fué su mejor momento en la vida.

¿Estaré viviendo justo ahora la mejor época de mi vida?

(Mano a la barbilla, mirando a la pared y cautivado con la música)