71: Que suerte, este chaval ha llegado lejos

Cuando llegué a Madrid hace años estaba muy acojonado.

Me pensaba que esto era como en las pelis americanas, cuando el típico chaval de pueblo se encuentra embutido en mitad de miles de personas con trajes, corbatas y maletines para cruzar una calle en pleno Nueva York.

Me imaginaba ahí esperando el semáforo en verde, con mi café en la mano, la mochila y una cara de sorpresa por todo lo que iba descubriendo.

La realidad es que poco a poco me fui dando cuenta que esto es como un pueblo grande, donde hace apenas unos años andaban las cabras de un lado a otro por el barrio.

Donde es mucho más la percepción exterior que el propio día a día.

Y así ocurre con todo, cuando ves que una empresa está ubicada en pleno Gran Vía te sorprendes, piensas que debe ser una empresa genial si tiene esa ubicación.

Y a lo mejor la empresa es de Gijón pero ha contratado una oficina virtual en un coworking de la Gran Vía de Madrid porque así puede causar una buena imagen en sus facturas, en su web, entre sus clientes y proveedores.

Conozco muchas empresas que tienen sus fábricas en polígonos industriales de las afueras de las capitales, en donde muchas personas trabajan día a día para luego, además de online, ofrecer estos productos y servicios a clientes que acuden a las tiendas ubicadas en los principales lugares estratégicos del centro.

Existen muchísimas tácticas y técnicas para conseguir, con un poco de marketing, que todo se perciba mucho más potente y magnífico de lo que realmente es.

¿Ha triunfado este porque trabaja en Madrid?

Pues no, porque la realidad es que no sabes si estamos trabajando hoy en Dinamarca, en donde llevamos varios meses, y con la oficina virtual en Madrid.

O si la vida por aquí es exactamente igual que la rutina que puedas tener en Arucas.

Desayuno, deporte, trabajo, comida, dormir… repetir.

Así que, independientemente del lugar, el objetivo es conseguir con el trabajo en marketing que los proyectos mejoren y prosperen siempre.