⚡ En el año 2013 recibimos una llamada de teléfono de Tuenti para acudir a sus oficinas a un Focus Group.
🍿 Pillaron varios perfiles de gente y nos sentaron en una sala para preguntarnos muchas cosas sobre el uso de la herramienta y la cantidad de cambios que habían hecho, pues otras plataformas venían detrás con mucha fuerza y estaban perdiendo cuota.
🤔 Recuerdo pasear por los pasillos y ver todos los cristales llenos de fórmulas y logaritmos, la cocina enorme con café y fruta para los empleados y un futbolín en la zona de las mesas. Tanto el mobiliario, colores, iluminación, ubicación, tecnología, distribución… era todo perfecto.
🙆♂️ El día que recibimos la noticia de que cerraba la plataforma hicimos un backup de las fotos y monté este video a modo despedida. Ahí se quedaron muchísimas anécdotas y una forma diferente de conectar.
👉🏻 Hoy encontramos un artículo muy interesante que analiza los comportamientos sociales en el mundo digital de personas de diferentes generaciones.
🔥🔥 El otro día le pregunté a un adolescente con 100 k en Instagram qué estaba haciendo mal para no tener tantos seguidores como él. Me respondió que el problema era que los nacidos en los 80 y principios de los 90 utilizamos Instagram “como si fuese Tuenti cuando los móviles no tenían cámara delantera”.
Salvo algunos espabilaos, crecimos creyendo que las redes sociales no eran más que eran un diario de vida digital. Nadie nos dijo que podían ser un escaparate para nuestra “marca personal”.
👆🏻Fuimos la primera generación que tuvo que aprender a relacionarse con pantallas de por medio y a construirse una identidad digital y lo hicimos lo mejor que pudimos. Nuestra escuela fue “el Tuenti”. Y digo el Tuenti porque era “el” Tuenti, con artículo delante.
Tuenti molaba porque no tenía filtros. En ningún sentido. Era costumbrismo puro y todavía no le temíamos a la huella digital
El flipe de tener una página web que nos conectaba con el mundo cuando salíamos del instituto y mezclaba lo mejor de todas las redes sociales y herramientas de comunicación existentes hasta entonces: el chat de MSN, las fotos y estados de Fotolog y los likes de Sexyono.
🌵 Repasando las 10.000 fotos que contenía el ZIP de Tuenti, nos dimos cuenta de que salimos abrazando a gente a la que ahora evitamos saludar por la calle. Y que quedábamos con los amigos que conservamos de entonces en lugar de poner excusas baratas para quedarnos en casa haciendo scroll en Instagram y viendo a esos mismos amigos pero a través de una pantalla.
💛 Tuenti no tenía filtros. En ningún sentido. Era costumbrismo puro, así que subíamos fotos bebiendo, fotos fumando, fotos bebiendo y fumando y fotos bebiendo o fumando en bares porque aún se podía fumar en los bares. En Tuenti no parecíamos, como en Instagram: en Tuenti éramos.
🍺⚡ Salíamos siempre de fiesta con una cámara compacta que generalmente sólo poseía un miembro de nuestro grupo, que la mañana siguiente a la noche de farra recibía mensajes privados metiéndole prisa para pasar las fotos al ordenador y subirlas. Porque en los tiempos de Tuenti había que pasar las fotos al ordenador para subirlas, previa edición en Picasa si eras muy pro…
🌳 Nos convertimos en los primeros analistas de social media. Llevábamos un control exhaustivo de cuánto nos subían las visitas al perfil después de colgar fotos de fiesta, etiquetábamos a nuestros colegas en imágenes para aparecer en más perfiles y que nos subieran los likes.
Si repasamos las fotos de entonces comprobaremos también que nuestro ego ha ido creciendo a la par que se ha ido desarrollando la tecnología. La mejor prueba de ello es que nos hacíamos fotos en grupo. Todo el rato. Instagram ha fomentado el egocentrismo. ¿Quién se hace fotos en grupo y las cuelga en Instagram?
⭐ En nuestra maldita “marca personal” no tiene cabida nadie más que nosotros mismos, si acaso Tailandia, los desayunos chulos o los vinilos que nunca hemos escuchado pero quedan de puta madre en la estantería. En los tiempos de Tuenti nadie decía “postureo”, y es bonito creer que era porque no existía.
Después llegaron Facebook y Twitter y lo mandaron todo a la mierda. Nos hicimos una cuenta de Gmail porque nos daban vergüenza las barras bajas y los números de la que teníamos en Hotmail, que a su vez era la que estaba asociada a Tuenti. Y olvidamos la contraseña de esa cuenta, olvidamos Tuenti y olvidamos al adolescente que fuimos, como Andy en Toy Story 3. 👾
Lo que obviamos es que nunca vamos a molar tanto como en los tiempos de Tuenti. Y que las fotos con la copa en mano y rodeados de colegas, son la mejor marca personal que uno puede forjarse.